Objetividad y verdad periodística
¿Son la objetividad y la verdad periodística un paradigma epistemológico fracturado en la realidad actual?
Muñoz (2012) sostiene que la teoría de la objetividad ha sido considerada la piedra angular del periodismo desde finales del siglo XIX. De ahí, su importancia en la labor informativa. Sin embargo, para Durham (1998: 117), la longevidad de esta práctica no ha socavado el hecho de que toda epistemología referida a la objetividad o verdad en el periodismo haya caído en desgracia estos últimos años. Asimismo, menciona que los análisis contemporáneos de los medios informativos han traducido la transparente noción de objetividad en un asunto de investigación fuertemente controvertido. Así, Rosen señala que “[…] la objetividad se está quebrando de un montón de maneras diferentes. Es un mecanismo que ya no funciona como solía hacerlo. Hay una buena dosis de preocupación y de confusión sobre este término entre los propios periodistas” (1993: 48).
Como resultado de ello, el periodismo actual se ha convertido en un oficio autómata que, lejos de dar a conocer acontecimientos, se limita a copiar y pegar hechos basados en un falso objetivismo, el cual opaca la verdad del conocimiento con una tormenta caracterizada, según Casals (1999), por la consagración del espectáculo mediático, el perfeccionamiento de las estrategias de la propaganda y el exceso de información como moderna artimaña de censura que avizora un futuro temeroso para el periodismo. Dentro de ese contexto, resulta pertinente indicar que “efectivamente, el paradigma de la objetividad ha venido sufriendo un progresivo declive durante las últimas décadas, hasta el punto de que puede decirse, con verdad, que se trata de un paradigma fracturado” (Muñoz, 2012, p. 835). Por tal razón, Casals alega que “parece que ya no es muy oportuno hablar de objetividad ni de verdad” (1999, p. 40).

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